Sin mediar palabras entramos en el cuarto, y tú te acercaste a la ventana para cerrar las cortinas y así conseguir un efecto de luz más envolvente e íntimo. Una luz de media tarde que se cuela discretamente dando un aspecto mágico y humano a la vez al ambiente.
Como dos actores que se saben muy bien el guión nos situamos en nuestras respectivas posiciones; tú detrás del trípode con tu cámara y yo enfrente del objetivo. No sabía muy bien cómo iba a empezar la cosa, pero confié plenamente en tí y me dejé llevar por tu silencio y seriedad. Me bastó mirarte a los ojos para saber que podíamos hacer algo hermoso entre los dos. Yo quería que me sacaras esas fotos, pero me costó proponertelo... sin embargo tú accediste a hacerlo con discreción y seriedad, sin las risas y bromas que habrían despertado en cualquiera. No estaba muy segura de lo que quería, pero sabía que podría ser difícil concentrarse para no quitarle magia a las fotos.
Respiré profudo y me senté en la cama... la cámara empezó a disparar pausadamente, como llevando el ritmo de un corazón tranquilo y pausado que intenta relajarse y no precipitarse. Desabroché los botones de mi camisa uno a uno lentamente, y la cámara captó cada uno de mis movimientos conforme me desprendía de la ropa muy despacito... Tú te mantenías inmutable, haciendo tu trabajo como si nada de aquello acurriera, como si el objetivo fuera un antidoto contra el deseo, como si mi propia piel fuera una vestimenta más y en realidad no estuviera ya desnuda delante de ti...
La cámara seguía disparando rítmicamente, y ahora podía notar tu mirada a través de ella, recorriendo todo mi cuerpo como un escultor con su obra más preciada. Apuntaba el objetivo a mis ojos, a mis manos, a mis pies, a mi cuello, recorría mi espalda desde distintos ángulos y se deslizaba por mis caderas acariciando mis piernas... Yo me movía lentamente, como una sirena en el agua, disfrutando tus discretas miradas, hipnotizandote y sintiendome más segura en mi papel de musa. Cerré los ojos y disfruté de mis manos recorriendo mi propio cuerpo como si de tus manos se trataran... me guiaban tus ojos. No supe cuando dejaste de fotografiar, pero mis manos se vieron acompañadas de otras manos más grandes y cálidas. Poco a poco pasaste a formar parte la fotografía, y coleccionamos esa imagen en nuestro album de momentos al tiempo que la tarde caía y nos envolvía la oscuridad del deseo.


3 comentarios:
SIMPLEMENTE ES PRECIOSO.
ROCIO TE HAS SUPERADO, Y SABIA QUE TIENES ALGO ESPECIAL Y ESTO LO HA DEMOSTRADO.
GRACIAS POR COMPARTIRLO CON NOSOTROS.
Ya te pasaré esas fotos... ;)
*Iago, muuuuchas gracias x escribirme (sabes q m ace mucha ilusión), y muuuuchas gracias, no pensé q t gustaría tanto. No sé qienes sois "nosotros" xo yo no tngo problema en compartir, asi q DE NADA ;) (pero t doy a ti más cachito q a los demás, eh?? q la veteranía es un grado) GRACIAS
*Anónimo, co*o! si tines fotos mías m las pasas, xo acuerdat de firmarlas q si no no se d dnd vienen (jajaja...)
Publicar un comentario